lunes, 2 de abril de 2018

Creepy 9

Leído en marzo de 2018. Para los que crecimos con los cómics de Toutain en los ochenta, la «invasión española» de las revistas Warren tenía algo de mítico. Toutain y su equipo fueron eficaces publicistas de sus logros editoriales y de los éxitos de los autores representados por Selecciones Ilustradas (la agencia dirigida por Toutain que proveyó a Jim Warren de sangre nueva para sus revistas). El prefacio de este noveno volumen de Creepy, de Richard J. Arndt, proporciona información histórica y algunas anécdotas al respecto. Sobre los contenidos, poco que añadir a las notas que se han ido consignado en estos Papeles a propósito de Creepy tras la marcha de Archie Goodwin: los guionistas lo intentaban, pero pocos llegaban a la altura, mientras que todavía muchos de los dibujantes estaban lejos de ofrecer resultados sorprendentes. Destacan en este volumen el poder expresivo de las muy modernas historias de Tom Sutton «Y el horror sale arrastrándose del mar» y «Algo por lo que recordarme» y el cambio que suponen los celebrados artistas de la Spanish Army, muy notable en las dos siniestras e incómodas historias de Josep Maria Beà que contiene el tomo: «Como una cabina telefónica, larga y estrecha» y «El cuadro de la muerte».

jueves, 29 de marzo de 2018

La lotería

Leído en marzo de 2018. Shirley Jackson, una de las grandes damas de la literatura de terror, es autora de, entre otras obras de enorme valor, La maldición de Hill House (1959) y Siempre hemos vivido en el castillo (1962), y cuenta entre sus obras maestras con uno de los títulos indiscutibles del canon de la narrativa estadounidense del siglo XX: el cuento «La lotería». Mil veces citado directa o indirectamente, los ecos de la secularización de la lógica sacrificial que imaginó Jackson en su relato han llegado a nuestra época con energía renovada, como demuestra el éxito de fantasías distópicas como The Purge: La noche de las bestias o Los juegos del hambre y en general, las numerosas variaciones del tema del chivo expiatorio. El clima cultural es, por tanto, propicio para que un relato como «La lotería» circule de nuevo. Pero esa «relevancia cultural» no es lo único destacable de esta joya editada por Nórdica Libros. Otro punto de interés, nada menor, es que el autor responsable de la adaptación es Miles Hyman, artista plástico, ilustrador, historietista y, detalle importante, nieto de Shirley Jackson. Uno no puede leer la obra sin tener en cuenta este aspecto, presente desde la emotiva introducción en la que Hyman explicita el enorme respeto con el que se acercó al relato clásico de su abuela. El resultado de ese respeto es una adaptación solidísima, una «traducción» a los códigos de la narración visual que responde con tanta osadía como rigor a la perfección del artefacto narrativo de Jackson. En el dibujo de Hyman, cuya obra en cómic se ha desarrollado en Francia y para el mercado francés, se advierten con claridad las inevitables reminiscencias de Edward Hopper, aunque, hablando de referencias puramente historietísticas, mientras leía «La lotería» este anotador de papeles no pudo evitar pensar en un Loustal sombrío. En fin, solo queda reconocer la laguna de conocimientos e intentar conseguir más obras de Hyman.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Ciudad

(Re)leído en marzo de 2018. Por fin saco de su estante esta reedición de 2015 de Astiberri de uno de los clásicos de la etapa central de Juan Giménez (es este caso de 1991) y lo releo tras mucho tiempo considerándolo una de las obras fundamentales del argentino. Ya no estamos en los ochenta o a principios de los noventa, y el lector actual, resabiado y habituado a complejidades sin cuento en muchos ámbitos de la cultura pop, quizá considerará la propuesta narrativa de Ciudad algo ingenua y limitada en su alcance. Pero hay otro modo de verla, que es huir de lo retrospectivo y «leerla» en su contexto temporal. En 1991 no habíamos leído con fruición las aparatosas estructuras metalingüísticas de Grant Morrison (o habíamos leído muy pocas) y no habíamos visto películas como Cube ni series como Perdidos. Así que, por favor, interpretemos Ciudad como lo que es: como una serie de ejercicios de estilo a propósito del género fantástico y del propio arte de contar historias. Solo así se entiende (y de hecho se ve coherente y hasta necesario) qua algunos de los diálogos escritos por Ricardo Barreiro suenen poco naturales y excesivamente literarios, o que las situaciones que se dan en la historia tengan poco sentido desde una lógica causal y solo lo tengan desde la lógica interna del ejercicio de estilo. Y si nos queremos situar fuera de los márgenes de cualquier consideración «interpretativa», quedémonos con lo verdaderamente espectacular y excelente de la obra: el virtuosismo de Juan Giménez como narrador visual.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Uzumaki

Leído en noviembre de 2017. La nueva edición de Planeta Cómic me invita a releer estas más de seiscientas páginas de indescriptible caos reptante, geometría impía y terror mesmérico, fruto del talento de quien es sin duda uno de los autores más estimulantes (y excesivos) del panorama del cómic de horror contemporáneo. Dibujante funcional y sobrio, sin grandes aspavientos técnicos en narrativa y grafismo, la brillantez de Junji Ito se manifiesta en todo su esplendor en una imaginería grotesca y en una imaginación enfermiza que despliega lo inconcebible con una naturalidad obscena. Aunque el horror es siempre una forma expresiva basada en el impacto, pocas veces tiene tanto sentido hablar de una narrativa del shock como en el caso de Ito. Más que un estado de tensión e incomodidad emocional o cognitiva sostenido a lo largo del relato —que históricamente sería la estrategia propia de gran parte del terror y el horror—, el autor crea en Uzumaki un estado permanente de fascinación incrédula ante una montaña rusa narrativa que alterna subidas de una (i)lógica casi costumbrista con brutales descensos de pesadilla, que, no obstante, no dejan de tener su lógica —la que sería la "lógica Ito", que es, por ejemplo, la que hay en la asombrosa ligazón entre mosquitos y vampirismo del capítulo 10 o en la naturaleza de los ciclones del capítulo 15—. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

El último recreo

(Re)Leído en agosto de 2017. Relectura de este clásico de la historieta de los ochenta que ya había leído —y que de hecho conservo— por entregas en la revista 1984 y en la edición de 1998 de Planeta DeAgostini. Leer esta nueva edición de Astiberri es redescubrir la obra: el mayor tamaño de la página permite contemplar en todo su esplendor el dibujo de un Horacio Altuna superdotado para el claroscuro y para la expresividad en el retrato del rostro, como es el Altuna de los primeros ochenta, el de este El último recreoFiccionario. (Nota: no es que el resto de la obra de Altuna no me parezca excelente en su mayoría, sino que estas dos obras que cito fueron un auténtico descubrimiento para mí cuando era lector en la primera adolescencia, y eso marca mucho). Como clásico que es, sigue funcionando perfectamente su historia post-apocalíptica trasmutada en fábula infantil, con evidentes ecos del El señor de las moscas y apuntes igualmente evidentes y muy intencionados de la mirada antropológica propia del momento creativo que vivían Carlos Trillo y Horacio Altuna. Desarrollada no como una trama ordenada y unitaria, sino como un conjunto de retazos de vida, de relatos algunos autoconclusivos, otros de imposible conclusión, la historia de El último recreo brilla en los detalles, en las expresiones de los personajes, en las palabras dichas desde la ingenuidad pero que encierran toda la sabiduría del mundo, en las luces y en las sombras. Episodios como “El rey Arturo”, “Con la ayuda de papá” o, sobre todo, “Cosas que quedan en el camino” serían suficientes para dar forma a una obra inolvidable; el resto de episodios completan El último recreo para convertirla en una obra maestra de la historieta humanista.

martes, 8 de agosto de 2017

Creepy 8

Leído en julio de 2017. Sigo la lectura completista de los Archivos de Creepy publicados por Planeta DeAgostini con un octavo volumen en el que, aunque el número de historias memorables no es muy extenso, hay que reconocer que hay un puñado de ellas y que no empieza nada mal: el primer número compilado, el 37, entrega dos buenos relatos: “¡Te odio! ¡Te odio!”, de Bill Warren y Mike Royer —una estupenda historia de viaje temporal que presenta un argumento precursor de algo luego mil veces tratado como es el principio de consistencia de Nóvikov, y que expone de forma muy valiente el tema de los malos tratos en el seno de la familia— y “El castilllo” de Pat Boyete —historia que tenía guardada en la memoria desde que me impactó a principios de los 80, cuando la leí en el número 5 del Creepy de Toutain (1979)—. El número 38 significa el regreso del enorme Wally Wood a la revista, con “El todo cósmico”, y el 39 es el número de debut de Dave Crockum —un artista al que muchos aficionados de mi generación tienen en gran estima por haber sido un nombre clave de la redefinición de la Patrulla-X (sí, así la llamamos) a finales de los setenta—, con la historia “Muerte contra reembolso”. Repite en el número el siempre brillante Pat Boyette, con “Muerte del mago”. El número 40 ofrece la muy moderna “El paseo de la extinción”, de Don McGregor y Tom Sutton y el 41 es un buen cierre del volumen, dado que incluye el debut en las revistas Warren del legendario Bruce Jones —con “La criatura del Lago Ness”, escrita y dibujada por él—, y las muy brillantes “Preludio al Armagedón”, de Nicola Cuti y Wally Wood —también presentada como “un clásico”, con nota biográfica de Cuti en el Creepy de Toutain, concretamente en el número 26— y “Un odio tangible” de Don McGregor Richard Corben —otra de las historias de aquel sorprendente Corben que comenzaba a publicarse en los primeros 80 en España, en este caso en el número 3 de la revista Delta—. Al margen de este puñado de historias memorables, uno de los aspectos más destacables del volumen es la variedad de temas y escenarios. Vemos el evidente acercamiento de las ficciones de Creepy a contextos urbanos y cierto giro hacia el terror psicológico y la ciencia ficción, lo que implica cierto distanciamiento de los monstruos clásicos. Al poco de entrar en la década de los setenta, Creepy presentaba un nuevo enfoque.


lunes, 7 de agosto de 2017

Sangre sobre satén negro

(Re)Leído en agosto de 2017. Aprovecho el período de vacaciones para hacer relecturas de cómics a los que por un motivo u otro apetece volver. Y regreso a algo que en mi primera adolescencia me fascinó completamente: Sangre sobre satén negro, una historia larga (seriada en tres entregas) de Doug Moench y Paul Gulacy que apareció en nuestro país en los números 17, 18 y 19 de la revista Creepy (Toutain Editor, 1980) —y originalmente en los números 109, 110 y 111 de Eerie (Warren Publishing)—. Se trata de un estupendo thriller satánico que combina el relato detectivesco con una visión pulp del satanismo, el folk horror británico y guiños literarios más o menos evidentes, como los dedicados a Lovecraft —usar el nombre Azathoth para denominar a un demonio “clásico” no deja de tener su gracia— o a François Rabelais —calificar a una bacanal de “rabelesiana” es casi un mensaje oculto, con sentido para pocos lectores de Eerie o Creepy—. Aunque, tanto en diálogos como en los abundantes textos de apoyo, el estilo de Moench está quizá más cercano a las formas propias de los últimos sesenta que a algo escrito en 1979, la escritura de Sangre sobre satén negro es funcional y, sobre todo, ajustada al público de gusto más clásico de las revistas Warren. Donde indiscutiblemente brilla la historia es en el dibujo de Gulacy, con aquel realismo estilizado tan propio del discípulo aventajado de James Steranko, que abunda en viñetas espectaculares y pasmosamente detalladas, sin perder por ello la fluidez narrativa. Moench y Gulacy forman, sin duda, uno de los grandes tándems creativos de la historia del cómic estadounidense y piezas como esta Sangre sobre satén negro merecen no quedar sepultadas en la memoria por el peso de la portentosa maestría mostrada en los trabajos que la pareja de artistas hizo para Marvel y DC.

domingo, 30 de julio de 2017

Mystery Society

Leído en julio de 2017. La cara más simpática del escritor especializado en cómic de horror Steve Niles y un trabajo de Fiona Staples en un estilo algo diferente al de Saga son los valores esenciales de este amable tebeo de aventuras que combina comedia matrimonial sexy, misterio sobrenatural y narrativa superheroica de manual. Con dos tramas francamente entretenidas —el enfrentamiento del glamuroso y socarrón investigador de lo sobrenatural Nick Misterio con las fuerzas gubernamentales que intentan ocultar turbias conspiraciones, y la busca y recuperación del cráneo de Edgar Allan Poe por parte de otros dos miembros del grupo— que se entrelazan de forma muy hábil, Mystery Society no cuenta demasiado, pero lo que cuenta lo hace con cierta frescura y de forma muy divertida. Un tebeo agradable de los que nunca sobran en una pila de lecturas de verano.

sábado, 10 de junio de 2017

Harrow County 2. Doble Narración

Leído en junio de 2017. Hace algo más de dos meses que leí el primer volumen de la serie y dejé constancia de mi agrado por esta serie de gótico rural, brujería y traumas tan profundos como los bosques plagados por monstruos que rodean la granja de la protagonista. En este segundo volumen, cuando Emmy intenta rehacerse amoldando su (nueva) indentidad a su (nueva) vida, una visitante inesperada llegará para hacer que las cosas se compliquen. Continúan el buen criterio narrativo de un Cullen Bunn que va construyendo poco a poco un personaje memorable, y el permanente acierto de Tyler Crook, que no baja de forma ni en su brillante dibujo ni en su trabajo con el color. El segundo episodio del volumen —la entrega 6 de la serie original— es una pequeña obra maestra del cuento breve de terror.
Si ser yo muy gruñón para esas cosas, tengo que mostrar un cierto enfado. Vaya por delante que la edición de Norma Editorial me parece adecuada, pero no puedo dejar de señalar que la traducción del título de este volumen me parece una oportunidad perdida. Doble Narración no tiene sentido cuando el título original del recopilatorio americano es Twice Told, una más que probable referencia a Twice-Told Tales, la influyente colección de cuentos de Nathaniel Hawthorne publicada en 1837, que, por cierto, dio pie a una curiosa película de terror dirigida por Sidney Salkow en 1963, cuyo título era ya una cita a una línea de La vida y muerte del Rey Juan de William Shakespeare.

lunes, 5 de junio de 2017

Briggs Land 1: Estado de excepción

Leído en junio de 2017. Seguro que no soy el primero en mencionar que resulta evidente que buena parte del cómic estadounidense actual ajeno al género superheroico o a la pura fantasía pertenece a la misma familia narrativa que ciertos dramas televisivos de cadenas o sellos como HBO, FX, Showtime o AMC. Televisión y cómic se han alimentado mutuamente de historias que hasta hace poco no era habituales en estos medios, muchas de ellas dramas relacionados con lo criminal que no dudan en combinar asuntos típicos del género policial, algo de comentario social, aromas de western y conflictos familiares quasi shakesperianos. Este es el género al que se adscribe una serie como Briggs Land, que ya anunció en 2016 adaptación para televisión, como no podía ser de otro modo, dado que desde sus primeras páginas anuncia a los cuatro vientos que quiere estar vinculada con esa nueva ficción televisiva que, ojo, no nació ayer, sino que emergió con el cambio de siglo, y quizá no con Los Soprano (HBO, 1999-2007) sino más bien con Oz (HBO, 1997-2003).
Caracterizada por la ausencia de personajes heroicos, buenos o simplemente amables, la historia de Brian Wood es una sólida especulación en torno a la violencia inherente al ejercicio del poder. Localizada en una zona independiente de facto de los Estados Unidos, en la que el ideal libertario ha dado lugar a una comunidad opresiva fundamentada en el crimen, el reaccionarismo y el racismo, comienza cuando, aprovechando que el líder, descendiente directo del fundador de la nación, cumple condena en prisión, su esposa decide hacerse con el control de la familia, el territorio, los recursos y todos los negocios. El conflicto se desencadenará cuando la comunidad reaccione a la instauración de ese nuevo matriarcado, en un relato que se desarrolla en escenas largas y abundantes en diálogos, puntuadas por ocasionales descargas de acción y violencia. Como decíamos, pura narración televisiva, a lo que ayuda la planificación y el dibujo funcional, elegante y fluido de Mack Chater, que puede leerse casi como un storyboard de esa hipotética teleserie.